Desde Torremolinos hasta Manilva, la costa occidental de la provincia de Málaga fue pionera y sigue siendo uno de los principales elementos de atracción turística de España.
Por supuesto que en esto han sido fundamentales sus valores ambientales, tales como el favorable clima tanto para el invierno como para el verano, un litoral muy apetecible, con playas de excelente calidad, y un interior aún mejor, con vegetación bien desarrollada, paisajes inigualables, pueblos blancos mirando al mar, ríos, e incluso espacios agrícolas mas o menos tradicionales, hoy ya en franca regresión.
Y desde luego, un mar excepcional, generalmente tranquilo, rico en especies, con bancos de pesca, mamíferos marinos, zonas arenosas con praderas submarinas de Posidonia (un ecosistema de la máxima importancia), y con algunas zonas rocosas especialmente aptas para las actividades subacuáticas.
En nuestros días, necesitamos el máximo esfuerzo para preservar al máximo todos estos valores ambientales, amenazados por fuertes presiones, sobre todo el desarrollo urbanístico descontrolado que tiende a crear una megaciudad que ocupe la casi totalidad del territorio, y otros como los incendios en las zonas mas conservadas del interior, la erosión y desaparición de las playas en relación con las infraestructuras construidas en la línea de costa, o la sobreexplotación pesquera y destrucción de ecosistemas submarinos.
Hay que armonizar el desarrollo urbanístico y turístico con la preservación y mejora de estos y otros aspectos medioambientales. Así, esta joya que todavía es la Costa del Sol Occidental podrá disfrutar de un futuro prometedor y estable para todos.